martes, 7 de abril de 2026

Los Cinco Monumentos (parte 1).

 

Visto que las clásicas de un día cada vez resultan más interesantes, e inspirado por el reto del maestro Tadej Pogacar de conseguir ganar los cinco "Monumentos" del ciclismo, he decidido plantearme a mi nivel, participar en las versiones ciclodeportivas de todos ellos, contando con que La Paris-Roubaix ya la conseguí hacer en 2017, y que ya me había fijado como primer objetivo del 2026 el Tour de Flandes.


Con esa idea, al ir planeando el viaje a Bélgica que coincidía con Semana Santa y permitía alargar algo la estancia, y presentarse la oportunidad de viajar también a Milán pocos días después, no pude resistir la tentación de además de conseguir mi "segundo Monumento", aprovechar para "reconocer" el recorrido de los demás.

El viaje a Bélgica lo planteé en grupo, aunque finalmente solo se animó Jesús Caro, y además de hacer Flandes, me valdría para recordar viejos tiempos en Roubaix y visitar por primera vez Lieja, mientras que el de Milán, en realidad era para acompañar a mi mujer al “Salone del Mobile”, con la "condición" de que me dejara un par de mañanas libres para rodar por los territorios de La Milán-San Remo y el Giro de Lombardía, je je. 

Como es habitual, empezamos a seguir un plan para preparar la prueba, aunque debido al malísimo tiempo que sufrimos en los meses de febrero y marzo, con fuertes lluvias y destrozos en las carreteras, costó seguirlo sin poder hacer ninguna ruta equiparable a lo que nos esperaba en Flandes. Al menos hemos podido volver a disfrutar viendo los pantanos llenos y desembalsando después de 13 años.

Con ciertas dudas sobre el estado de forma, ya que tampoco pude debutar este año en alguna prueba de gran fondo previa como me hubiera gustado, llegó el momento de iniciar el viaje, que sería la primera vez en avión para Jesús, por lo que andaba algo nervioso.

La partida, desde el Aeropuerto de Málaga, donde con bastante retraso embarcamos justo en el momento en que metían las bicis en la bodega, por lo que al menos íbamos tranquilos sabiendo qué llegarían con nosotros. El aterrizaje sin problemas y en seguida estábamos en el coche dirección Aalterbrug, la localidad donde habíamos encontrado el alojamiento convincente más cerca de Oudenaarde, el centro neurálgico del Tour de Flandes. Pero la cosa se complicó debido a que era hora punta en la zona de Bruselas por donde pasábamos, encontrando enormes retenciones, por lo que ya llegamos algo tarde y no dio tiempo a salir a rodar un poco como tenía previsto para visitar Brujas, una de las ciudades con más encanto de Bélgica. 

Tuvimos que limitarnos a dejar todo el material listo para salir por la mañana temprano hacia Oudenaarde, recoger el dorsal, vestirnos y dirigirnos hacia la salida, que en este caso, era con horario libre entre las 7:00 y 10:00, por lo que no había esa necesidad de salir a tope como en las gran fondo al uso, de todas formas, los adoquines pronto pondrían a cada uno en su lugar. Pero al montarme en la bici vi que no iba el cambio. Traté de resetearlo, pero no reaccionaba y menos mal que en la zona de stands había servicio mecánico y pudieron solucionarme el problema, porque veía que se me desmontaba toda la película que me había montado.

Por fin en marcha, los primeros tramos iban sucediéndose y será por la "experiencia" conseguida con el gravel, los iba superando sin dificultad, llegando al Kapelmuur, algo por delante de Jesús, aprovechando para hacerle un vídeo en el tramo final de la subida que resultó muy chulo.



Primeros tramos de pavé.

Justo en ese momento, y aunque los pronósticos del tiempo daban pocas probabilidades, comenzó a llover, por lo que Jesús me comentó que tirara yo para adelante porque él se lo iba a tomar con más calma.


Paso por el Kapelmuur

Yo seguí con confianza, más aún cuando la lluvia no fue a más, llegando al Kopemberg casi en seco, aunque la acumulación de gente formó un tapón que hizo inevitable poner pie a tierra. Cuando encontré hueco, pude encalar y terminar el tramo sobre la bici, que ya tuvo su mérito. Las imágenes allí captadas lo dicen todo.


Paso por el Kopemberg

En el Oude Kwaremont, temía que pasara lo mismo, pero pude pasarlo bien, aunque un "poquito" más lento que lo harían los pro el día siguiente. Y a continuación, el Paterbeg, librando una caída justo delante mía, por lo que también pude coronar. 


Paso por el Patemberg

 Ya solo quedaba llegar a la meta, aprovechando el terreno favorable y el rebufo de los grupos para "maquillar" la media.


Bajada desde el Patemberg.

Llegada a meta

En poco más de cinco minutos apareció Jesús, y con nuestra medalla nos fuimos contentos a buscar algo para comer, ya que los belgas no tuvieron el detalle de incluir al menos un platito de pasta con la inscripción...salvo esto, que en realidad es lo de menos, la organización magnífica para tratarse de un evento con 14.000 participantes, aunque nos enteraríamos por la noche de la desgracia de un fallecido por problemas cardíacos.


Como en realidad ya había estado curioseando por aquí en 2017 tras hacer la Paris-Roubaix challenge, pude comprobar en Strava que había hecho PR en casi todos los segmentos, por lo que ni tan mal.

CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: Tour de Flandes 2026

El día siguiente tocaba volver al "Infierno del Norte" y eso que en muchas ocasiones ya he comentado que la Paris-Roubaix challenge es la prueba más dura que he hecho nunca y seguramente me hubiera prometido no volver. Pero había que ceñirse al plan y a Jesús también le apetecía probar en persona por donde pasan los profesionales a mil por hora.

Estuvimos dudando en que recorrido hacer, porque íbamos con la idea de acabar con tiempo de volver para Oudenarde y tratar de ver el final de la carrera. La idea era llegar desde Roubeaix directamente hasta el Bosque de Arenberg y hacer la vuelta siguiendo ya el recorrido oficial, aunque recortando algo si hacía falta.

A la salida, algo de frío y viento molesto, pero llevadero, aunque hizo que la primera parte hasta Arenberg se hiciera larga. A partir de ahí comenzó la "fiesta",  comprobando que realmente es inhumano meter por ahí un pelotón a más de 40 km/h. 

Acceso a el Bosque de Arenberg


Tras recrearnos un poco grabando vídeos, nada más continuar empezamos a encontrar la señalización de la carrera, lo que me sorprendió porque estaba con una semana de antelación, sirviendo de aliciente para seguir con la sensación  de estar en "modo competición".



Empezamos a enlazar los tramos de la zona de Mons-en-Pévéle y de repente comenzó a llover, aumentando la sensación de frío. En esta zona coincidimos con una carrera máster que nos hizo tener que parar un par de veces bajo la lluvia hasta que pasara toda la caravana, enfriándonos más aún. Para colmo, Jesús empezó a tener problemas con las cubiertas, que no sabemos muy bien por qué, resbalaban en las zonas de adoquines más viejos, estando a punto de irse al suelo varias veces, con lo que lo del "Infierno del Norte" empezó a cobrar todo su sentido.

Afortunadamente, conforme nos acercábamos a Roubaix iba mejorando la cosa, saliendo incluso el sol, por lo qué los últimos tramos pudimos pasarlos sin mucha dificultad. Tanto es así, que habíamos superado el Carrefour de L'Arbre, donde me caí en 2017, sin "darme ni cuenta"...



Por fin en la ciudad, llegamos justo a las puertas del velódromo, sin poder dar la vuelta de honor al estar cerrado al público, pero pudiendo posar junto a la escultura que replica a gran escala el trofeo que se entrega al ganador de la carrera profesional y a los finisher en la challenge, y que tengo el honor de poseer, je je.


CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: "Reconocimiento" Paris-Roubaix

La sensación es que pese a todo, me resultó más llevadero que en 2017, ya sea como comenté antes por el tema del gravel o posiblemente por la bici, ya que la Orca aunque ya muy trillada y en proceso de “adaptación a la jubilación”, respondió claramente mejor que la Wave que llevé en aquella ocasión y que parecía que se me iba a desarmar en cada tramo. 

La nota negativa fue que con tantos imprevistos nos retrasamos mucho y nos quedamos sin tiempo material para ir a ver en vivo a Pogacar y compañía, conformándonos con ir viendo la carrera en el móvil durante la vuelta al alojamiento. 

Por la tarde estuve barajando incluso volver a vestirme y hacer el recorrido que se quedó pendiente hasta Brujas, pero Jesús no estaba por la labor y como tampoco tenía tanta necesidad, lo descarté. 

Sí salí a buscar una gasolinera cercana con lavado a presión, para limpiar la bici, aprovechando para visitar un impresionante molino de viento, característico de la zona, al igual que nuestro propio alojamiento, una antigua granja rehabilitada y adaptada con bastante buen gusto.

Woestyne Business & Leisure Apartments. Aalterbrug


Pietendriesmolen

A la vuelta me encontré a Jesús empezando a desmontar la bici porque había decidido no hacer la ultima ruta prevista antes de la vuelta y prefería guardarla ya en la maleta tranquilamente y evitar cualquier contratiempo. Intenté convencerle de que se lo replanteara, porque yo no me podía volver sin hacer algo en Lieja, pero insistió en que ya estaba satisfecho con lo hecho y que no le importaba esperarme en el coche mientras yo salía.

Y así fue, aunque un email recibido de Ryanair advirtiendo de qué había que estar con tres horas de antelación por la previsión de largas colas en el control de seguridad del aeropuerto de Charleroi, me hizo tener que recortar el recorrido limitándolo a lo mínimo imprescindible para pasar por la Redoutte, la cota más icónica de la Lieja-Bastone-Lieja.

Y ciertamente  resultó dura, con un tramito al 17% de media, teniendo en cuenta el desgaste de los días anteriores, con la pequeña decepción de no encontrar arriba ni un triste cartelito, en contraste con el “marketing” que tienen en Roubeaix con todos los tramos de pavé perfectamente identificados…supongo que con el ambiente en carrera, será mucho más especial el paso por aquí.


La Redoutte.

En este punto según el Garmin me quedaban poco más de 35 km, pero 600 m de desnivel, lo que no me cuadraba ya que mi impresión viendo la carrera otros años es que ya era terreno favorable. Pero todo lo contrario, se fueron sucediendo varias cotas y en especial la de Rouche-des-Faucouns tan dura como la Redoutte.

Ya desde allí, sí todo cuesta abajo hacia Lieja, encontrando una de las vistas más emblemática de la ciudad con el monumental Pont de Fragnée en primer plano, justo a la entrada en la avenida donde instalan la meta, empezando a pensar como resultará de duro estos últimos 40 km llegando con 200 km y 3000 m de desnivel acumulado...

 

Pont de Fragnée. Lieja 

Avenida de las Ardeans. Meta de la Lieja-Bastone.Lieja.

Y con el objetivo cumplido, tocaba iniciar el camino de vuelta, llegando al aeropuerto a la hora indicada, y facturado y pasando todos los controles en menos de 15 minutos, más rápido que nunca, sintiendo cierto cabreo por la falsa advertencia que me había impedido hacer la ruta tal como tenía previsto.

Pero bueno, esto me sirvió para decidir que la Lieja será la próxima...

Tras la paciente espera, hasta el embarque y el despegue, vuelo sin incidencias y disfrutando de las vistas, en especial de los Pirineos, ya que el día estaba completamente despejado, llegando a Málaga algo antes del horario previsto. 

 

Vista aérea de los Pirineos.

Continuará la crónica a la vuelta de Milán, tras reconocer Lombardía y San Remo si no surgen imprevistos...





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