martes, 21 de julio de 2026

Alpes 2026

 

Poco después de volver de los Pirineos el año pasado, tuve la "revelación" de que el principal objetivo para 2026 tenía que ser volver a los Alpes, y concretamente para participar en L'Etape du Tour, que ya hice en 2019 y que recordaba como uno de los días en el que más disfruté con la bici, al sentir que estaba disputando verdaderamente una etapa del Tour. Se lo comenté a Jesús Caro y le pareció perfecto, aunque quería esperar a conocer el recorrido de este año para terminar de decidirlo.


Y resulta que como en 2026 el Tour ha previsto dos etapas con final en Alpe D'Huez, escogieron para l'Etape la más dura de ellas, con un desnivel de 5.000 metros que incluye el Col de la Croix de Fer, el Télégraphe y el Galibier y como novedad la llegada a Alpe d'Huez por el col de la Sarenne...


Me surgieron dudas, ya que el año pasado al no poder completar la Pyrennenne, me pregunté si tenía sentido seguir insistiendo en participar en pruebas tan extremas, pero finalmente decidí hacerlo una vez más.

De nuevo, la preparación tenía que ser la adecuada al reto que teníamos, y básicamente la idea fue hacerla similar a la del año pasado, aunque al final, entre unos problemas y otros, no ha sido como estaba prevista, faltando algún entrenamiento de más dureza, aunque lo cierto es que hacer rutas con más de tres mil metros de desnivel acumulado, ya cuesta mucho trabajo.

Entre las rutas previas al viaje, pueden destacarse, la de la Serranía de Ronda, que en esta ocasión la hicimos saliendo desde Ubrique, subiendo de inicio el Mojón de la Víbora hacia Cortés de la Frontera y continuando hacia Jimena de Libar para enlazar con Encinas Borrachas y desviarnos hacia Alpandeire buscando la subida del puerto de El Colmenar hacia Jubrique. La vuelta, tras repostar en el camping del Genal, subida del Espino por Algatocín, terminando de nuevo en Cortes para regresar a Ubrique, saliendo en total 123 km y 3.050 m+.

Ruta por Serranía de Ronda, desde Ubrique.

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A nivel particular, decidí participar por fin en la GF Sierras de Moratalla, que la tenía en la agenda desde hace varios años, y que no defraudó por paisajes y recorrido, sumando 165 km y cerca de 3.000 m de desnivel. Me sirvió además para estrenar la Terra Race en carrera, que aunque está creada por Orbea para el gravel de competición,  mi intención es utilizarla exclusivamente para la carretera, pues mi apuesta es ya total por el monoplato de 46 dientes y casette 10-46.


Gran Fondo Sierras de Moratalla.

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El día antes, para "calentar" había decidido hacer la subida al Veleta, ya que Granada pilla de paso, destacando la gran cantidad de nieve acumulada que aún quedaba y la coincidencia en la cota más alta que se pudo alcanzar con corredores del Ineos, entre los que se encontraba Carlos Rodríguez al que deseé suerte para el resto de la temporada.


Subida a Sierra Nevada. Junio 2026.

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Con el grupo hicimos una nueva subida a la EVA con la carretera aún medio cortada por los importantes daños causados por los temporales. Al salir desde Jerez y llegar al Picacho por Alcalá de los Gazules, sumamos 165 km y 2.300 m+. 



Subida al "Picacho"


Y la prueba final iba a ser en Sierra Bermeja, aunque al final tuve que hacerla en solitario y recortándola, pero me permitió "estrenar" la subida al Espino por Benarrabá con el camino terminado de asfaltar (salvo incomprensiblemente, unos 200 m al paso del Genal que han dejado en tierra), y que resultó muy duro, con los tres primeros kilómetros por encima del 10% y rampas de hasta el 18%. 


Antes había subido Peñas Blancas desde Estepona y a la vuelta, la idea era llegar a las antenas de los Reales por Genalguacil, pero acalambrado tuve que conformarme con llegar al mirador, con 3.200 m acumulados en solo 80 km, lo que indica la dureza de la zona y me generó la duda razonable de si podría terminar L'Etape.

Mirador de los Reales.

Por cierto, que la Vuelta vuelve a tener final de etapa este año aquí, así que habrá que inventar algo como en otras ocasiones...



Para la programación de las rutas a realizar los días previos tuve en cuenta que dado que en la prueba no se hacía la subida mítica de Alpe d'Huez sería obligatoria incluirla, y que mejor que hacerlo coincidiendo también con parte del recorrido que harán el Tour, llegando por el Col de Ornon. El otro objetivo sería conocer el Col de la Loze, que se ha hecho muy relevante en poco tiempo por las batallas que han tenido allí Pogacar y Vingegard. Y por temas de logística, vi que convenía hacer una parada intermedia y aprovecharla para subir el primer día el Mont Ventoux, al igual que hicimos en la "expedición" de 2015 cuando fuimos a participar en la Marmotte. Para el último día, como el viaje decidimos hacerlo en AVE hasta Barcelona y el resto en furgoneta, nos podía servir de broche final, hacer algo allí, teniendo en cuenta que para El Grand Depart del Tour de esta edición eligieron la ciudad condal.

Día 1. Mont Ventoux. 116 km. + 2.400 m

Día 2. Alpe d'Huez. 124 km. +2.700 m.

Día 3. Col de la Loze. 92 km. + 2.400 m

Día 4. L'Etape 2026. 170 km. + 5.100 m.


Día 5. Barcelona. 80 km. +1.000 m.

Con esta idea, organizamos el viaje, con el mismo  grupo del año pasado, pero sustituyendo a Jesús Reyes que andaba liado entre su reciente boda y compra de vivienda, por Javier Ceballos, de la antigua grupeta de Juan Velarde, a pesar del susto del precio de las inscripciones, que se ha disparado exponencialmente en estos años, y la más económica estaba en 270 € (incluyendo maillot, eh), y gracias a qué Jesús por estar inscrito en el club del Tour recibió un mensaje indicándole que los miembros podían hacer la inscripción por adelantado. Así lo hicimos Jesús, Juan y yo, pero a Sergio y Javi les fue imposible, porque esperaron a que las abrieran al público en general, y en escasos minutos se agotaron las 16.000 plazas previstas. Aún así siguieron con la idea de venir y como estaba previsto, t los cinco nos fuimos para coger el AVE en Sevilla en la fecha señalada, no sin dificultades para que en los billetes nos incluyeran el extra de bicicleta y con la amenaza de huelga en Renfe justo para el día de salida, resuelto al haberse decretado nuestro tren dentro de los servicios mínimos. Llegamos a Barcelona con algo de retraso y tuvimos algún problema con el alquiler de uno de los vehículos (al final fuimos con un furgón de carga para las bicis y un coche), pero aunque tarde, llegamos a Malaucene como estaba previsto, para hacer la primera ruta desde allí el día siguiente.

A diferencia de en 2015 que nos limitamos a subir y bajar el Mont Ventoux, está vez, al dormir justo a su pie y no tener prisa, se pudo organizar una ruta más completa, haciendo un bucle de inicio para pasar por la Gorge de la Nesque, espectacular cañón formado por el río Nesque, que desde luego mereció la pena visitar, aunque tuvimos que subir por medio un puertecito de 14 km aunque muy tendido afortunadamente. 



Paso por "Gorges de la Nesque".

De regreso a la zona de Bedoin, parada para avituallar e iniciar a continuación la aproximación al Mont Ventoux, que desde numerosos puntos del recorrido lo habíamos tenido de referencia al destacar sobre el paisaje la torre de comunicaciones de su cima, hasta que de repente saltó el climb pro del Garmin, metiendo miedo al ver qué restaban 18 km y 1.400 m de desnivel.

Camino del Mont Ventoux

Como yo ya lo conocía, el único consuelo era saber qué a partir del Chalet Reynald, donde aparece el característico paisaje lunar, ya suavizaba porque desde luego, los 10 km atravesando el bosque siempre con porcentaje cercanos al 10% se hacen eternos. Afortunadamente el viento que suele azotar la parte final, era moderado y favorable y nos ayudó a coronar sin mayor dificultad.





Quedaba solo el descenso hasta Malaucene, llegando a donde estábamos alojados con la satisfacción del primer hito conseguido, aunque nos costó un rifi rafe con el gestor del complejo, por un malentendido con la posibilidad de retrasar la hora de salida. Se resolvió pagando algo de más y nos fuimos hacia Grenoble, desde donde nos moveríamos el resto de los días.

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Para la segunda etapa la idea inicial era subir el col de la Loze, combinado con alguna otra ascensión de la zona, como la Madeleine, o la Plagne, pero se iban a cerca de 180 km y más de 4.000 m+, por lo que hubo que entrar en razón, y hacerlo en plan monopuerto (y menos mal que así fue, porque no quiero hacer spoiler, pero  hubiera sido la muerte).

Finalmente el segundo día decidimos hacer la de Alpe d'Huez, aunque también se le dio alguna vuelta a la forma de enlazar con el recorrido del Tour como estaba previsto. Una opción era a través del col de la Morte, pero se descartó al ver los números: 14 km y 1.000 m+, casi lo mismo que el propio Alpe D'Huez y finalmente lo hicimos por el lago de Laffrey, también con una subida pero más cómoda, para entrar en el recorrido de la etapa a la altura de Valbonnais, encontrando ya carteles que avisaban del corte de la carretera por el paso del Tour.

Subida al lago de Laffrey.

Tras el paso por Entraigues, inicio del col d'Ornon, con un inicio muy suave para ir ganando altura incrementándose en los kilómetros finales pero no a más del 7%. El descenso, mucho más virado y espectacular, llamándonos la atención la cantidad de ciclistas de todo tipo de condicion que subían. 


Quedaba el plato fuerte del día, así que hicimos una parada para beber y comer algo, antes de afrontar la subida, y que arranca de forma bastante brusca, pero que va luego suavizando, contando además con los 21 mini descansos que suponen las famosas curvas. Cada uno subimos a nuestro ritmo para reagruparnos en el podium que tienen instalado en la zona más alta de la estación, próxima a la línea de meta.




Sobre las marcha decidimos aprovechar para recoger los dorsales, ya que se entregaban en la villa allí montada con los stand de todas las tiendas de ciclismo conocidas,  evitándonos tener que volver a subir después con el coche, ya que empezaba a estar aquello saturado de tráfico.


Vista desde Alpe d'HUez

Tras volver a bajar y un tramito de llano hasta donde teníamos los vehículos, terminamos la ruta muy contentos por haber superado la que sin duda es la subida más mítica del Tour, en mi caso ya por tercera vez.

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El tercer día tocaba lo que para mí era lo más esperado del viaje, la subida al col de la Loze, aunque por la mañana me llevé la decepción de que Jesús y Juan prefirieron quedarse en el piso para descansar.

Los demás tal como estaba previsto nos desplazamos hacia la zona de Albertville, para hacer unos cuantos kilómetros llanos de calentamiento, antes de iniciar la subida nada más salir de Moutiers, con 25 km y 1.700 m+ por delante. Mi referencia, la subida a Sierra Nevada, imaginándome que se trataba como subir desde Granada a la Hoya de la Mora. Y al principio eso parecía, por el tipo de carretera y la pendiente relativamente fácil, pero escondía una trampa, en los seis últimos kilómetros, que ya iba sospechando ya que quedaban aún 600 m de desnivel. La carretera paso a convertirse en pista asfaltada con acceso permitido solo a bicicletas, lo que se agradece mucho, pero con rampones cada vez más empinados, siendo frecuentes porcentajes cercanos al 20%, convirtiendo este tramo en algo tan duro, que hasta el propio Pogacar pilló la única pájara sería que le hemos podido ver. Lo corroboró Sergio, que anda ahora incluso más que el año pasado en los Pirineos, y que comentó que habían sido los seis kilómetros más duros que había hecho nunca. 


Col de la Loze por Meribel,

Tras un ratito recreándonos con el paisaje, con los Alpes más "salvajes" al frente, hacer fotos en los carteles y tomar algo en el bar de la cima (que nos supuso 16 € por un café y dos coca colas), empezamos a bajar por la cara b, desviándonos para llegar al altiplano, tal como se hizo en aquella etapa, aunque nos faltó algún cartel del Tour o algo especial.


Sí que había señalización de carrera porque casualmente se disputaba el día siguiente el GF col de la Loze, prueba de la que no tenía conocimiento en la que se hacen las dos vertientes acumulando en 117 km más de 4.000 m, con un track muy parecido al de una de las opciones que estuve barajando. Terminamos de bajar hasta Courchevel le Praz, donde traté se solucionar un problema mecánico que había empezado a notar. La dirección tenía holgura y al frenar vibraba mucho, pero no encontré la llave allen que creía tener en el bolso de las herramientas y los compañeros tampoco tenían. Me tuve que hacer todo lo que quedaba de bajada, unos 20 km, frenando solo con el trasero con lo que literalmente me quedé sin pastillas de freno.

Courchevel le Praz

 
En el tramo final que en principio era favorable, encontramos algún repechito y empezó a molestar el aire además de hacer calor, por lo que se hizo largo dándome por pensar la locura que hubiera sido incluir una segunda subida en cualquiera de las opciones.

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De vuelta al piso, después de tomar un hamberguer por el camino, solicité “servicio mecánico” a Juan y Jesús, que pudieron solucionarme los problemas, sin tener mucho más tiempo para hacer nada más, ya que la complicada logística para asistir a la prueba dada su masificación, nos obligaba a estar en planta a las 4:00, dado que la carreta de acceso a Le Bourg d’Oisan, punto de inicio, la cortaban al tráfico a las 5:30, así que había que irse pronto a dormir.

Según lo previsto, nos poníamos en camino hacia la salida, encontrando aparcamiento en buen sitio relativamente fácil, así que con bastante antelación nos fuimos para los cajones de salida en los que habíamos caído sin saber muy bien con qué criterio: Juan en el 6, yo en el 8 y Jesús en 13, con más de 30 minutos de diferencia en la hora de salida, por lo que no sabíamos si llegaríamos a vernos por el camino.


En la salida.

A las 7:15 abrieron la valla de mi cajón, para dirigirnos hacia la línea de salida que cruzábamos a las 7:30 en punto, rodando rápido los primeros kilómetros hasta el inicio de la larguísima subida del col de la Croix de Fer, de 26 km, aunque dividida en tres partes con dos descansillos intermedios que mentalmente lo hacían más asequible. Pero poco a poco, conforme iba ascendiendo, y aunque me iba sintiendo cómodo e incluso alcancé a Juan, me fui acordando de por qué no había vuelto por aquí desde 2015: el recorrido clásico de la Marmotte era muy similar al que teníamos por delante, y me prometí en aquella ocasión que no volvería más por no tener que volver a subir este puerto, je je…


Coronando Croix de Fer.

Tras más de dos horas, por fin me encontraba en la cima, donde paré en el avituallamiento, bastante escasito para mi gusto, al no haber algo salado ni coca colas, lanzándome a la igualmente larga bajada hacia Saint Jean de Maurienne, pensando en lo bien que me vino poner las pastillas de freno nuevas. Pero justo abajo surgió otro problema: antes de salir, le comenté a Jesús que no había cargado la batería del cambio en estos días, y precisamente en ese momento saltó el aviso de batería baja, por lo que me preocupé teniendo en cuenta todo lo que aún quedaba. 



Tocaba afrontar la parte decisiva del recorrido, el terrible enlazado Telegraphe-Galibier y que en aquella edición de la Marmotte no pudimos realizar debido a que se  produjeron desprendimientos en la carretera meses antes y tuvieron que modificar el track, volviendo a subir Croix de Fer por donde hemos hecho la bajada esta vez.

Por los datos del cartel al inicio del Telegraphe, tenía por delante un “puerto de las Palomas”: 12 km con 800 m de desnivel, y así fue más o menos, siempre con una pendiente bastante constante, pude superarlo sin mayor dificultad, y apenas sin cambiar, ya que iba con la mente puesta en ahorrar batería. Tras coronar, bajada hacia Valloire donde volvía a parar en el avituallamiento comprobando que estábamos en las mismas, sin nada apetecible que comer.



Al menos sí que había geles, cogiendo un puñado para la subida del Galibier, que ya lo había hecho por esta vertiente en 2014 en mi primer viaje a los Alpes y sabía de lo que iba. En la primera parte iba bastante bien, volviendo a contemplar aquel paisaje único, pero a falta de 5 kilómetros, empecé a desfallecer, costándome cada vez más y llegando al límite a la cima.




Me tomé unos minutos de descanso tomando alguna foto de las impresionantes vistas que se tiene en ese punto, y me tiré para abajo hasta Latauret, dudando de si irme ya directo para Le Bourg d’Oisans, teniendo en cuenta lo que me había costado coronar Galibier y que aún quedaban 1.400 m+ por ascender según el Garmin, casi deseando que se me acabara la batería del cambio para tener la “excusa perfecta”.




Pero entre que tras el paso por los túneles, comprobé que los datos de altimetría no se ajustaban a la realidad (seguramente porque el desnivel lo calcula la aplicación según el perfil de la montaña), y “solo” quedaban 1.000 m+ , que la organización había vallado de tal forma el cruce hacia el col de la Sarenne, que prácticamente no había escapatoria y que la batería aguantaba, vi que no había más remedio que terminar, aunque ya en el primer kilómetro casi que me arrepentí al encontrar rampas de hasta el 15 %.

Tras varios descansillos y repechos, se entraba en los 10 km finales, ya más regulares con porcentajes en torno al 7%, que muy lentamente iban pasando, animado un poco por el trazado de la carretera con unos espectaculares zig-zags y las vistas que se iban teniendo conforme se ascendía.

Tramo final del Col de la Sarenne

Pero la parte final volvió a endurecerse, rozando ya la pendiente el 10 % en los tres últimos kilómetros, que resultaron verdaderamente agónicos. Cuando coroné, no me lo podía creer, y solo faltaban 8 km para la meta ya favorables, aunque con un par de repechos que no eran nada en condiciones normales, pero que me dieron la puntilla. Por fin me vi en el último kilómetro, alegrándome enormemente al cruzar la línea de meta y recibir mi medalla finisher, pero con la firme intención de no volver a hacer algo tan extremo nunca más, al menos  hasta que se me olvide como lo de la Croix de Fer en 2015, je je.




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Tras recuperar un poco, me interesé en ver como iban los demás. Sergio había hecho por su cuenta el recorrido completo de la prueba, salvo la subida a la Sarenne, Javi, salió en sentido contrario dirección Lautaret con la idea de subir el Galibier, pero no le fue posible porque los primeros clasificados estaban ya a punto de llegar, Juan decidió poner fin en el Croix de la Fer porque ya había tenido suficiente y Jesús aún seguía en carrera, pero a pie de la Sarenne, por lo que le quadaba más de hora y media para llegar según la aplicación para el seguimiento de los corredores facilitada por la organización. Así que decidí irme para la furgoneta para comer algo, cambiarme  y esperar allí. Y es que teníamos un problema serio: se nos estaba haciendo muy tarde y no íbamos a llegar a tiempo al alojamiento que teníamos reservado en Montpellier con la idea de ir acercándonos a Barcelona, para ver la Final del Mundial, je je.

Por fin Jesús terminó, fuimos a recogerle a pie de Alpe D´Huez y nos pusimos en camino, conformándonos con ir viendo el partido en la aplicación del móvil, llevándonos el alegrón con el gol de España ya en las afueras de Montpellier

Destacar algunos detalles chulos de la prueba, como el video personalizado facilitado a cada participante, y que en la clasificación no quedé ni tan mal pese a todo (justo en la mitad en la general y en el top 40% por categoría).




Al día siguiente, entre que había que llegar a Barcelona y teníamos que contar con los márgenes de tiempo suficientes para empaquetar las bicis, devolver los vehículos y llegar a la estación, fui rediseñando la ruta sobre la marcha, pero al pillar varias retenciones, llegamos al parking que teníamos localizado (el del Ikea de la Fira), a las 12:00, por lo que como mucho había hora y media para hacer algo. Pero entre el cansancio, el calor que ya hacía a nadie le compensó vestirse y salir salvo a mí, que en la película que tenía montada, hacía falta un “epílogo”. 

Así  me puse la equipación de l'Etape y en solitario me fui a hacer el recorrido mínimo imprescindible para pasar por la Pedrera y la Sagrada Familia, obras paradigmáticas del genio Antoni Gaudí, que verdaderamente impresionan, y hacer la subida a Montjuïc, el escenario elegido para la llegada de la crono por equipos del Tour, y que me resultó muy dura, sobre todo al inicio donde hay una rampa del 15%, por lo que me sorprendió aún más lo rápido que pasaban los Pro por allí. 

La Pedrera.


La Sagrada Familia.

En la bajada me confundí siguiendo el track, pero no quise irme sin echar un vistazo al Pabellón alemán de la Exposición Internacional de 1929, obra del gran maestro Mies van der Rohe, quien popularizó la célebre frase "Less is more" (Menos es más) y que está obra representa su máxima expresión,  conservándose como icono mundial de la arquitectura minimalista.

Pabellón de Barcelona. Mies van der Rohe. 1929.

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Desde allí llamé al grupo para ver si estaban ya en la Estación, pero me dijeron que seguían en el Ikea, así que me fui para el parking, terminé de recoger y salimos para Barcelona Sants, con un momentos de nervios ya que a pesar de estar a escasos 2 km, tardamos más de la cuenta por el tráfico, así  que íbamos ciertamente con el tiempo justo, aunque al ver en los paneles que el AVE iba con retraso nos pudimos relajar algo, mientras pasábamos los controles y esperábamos a que asignaran la vía. El personal de la estación, muy amables, nos indicaron por donde bajar las bicis al andén y una vez guardadas, por fin estábamos sentados en nuestros asientos iniciando el camino de vuelta, que concluyó sin más incidencias.

Haciendo balance, otra experiencia inolvidable, con hitos verdaderamente significativos logrados, pero que ha costado tanto a nivel físico y mental, resumido en unos números totales de locos (500 km y 12.400 m de desnivel), que hace pensar en que hay que pisar un poco el freno y empezar a hacer cosas más de personas normales, aunque lo próximo que hay en la agenda es un Camino de Santiago “híbrido” con la familia, combinando tramos en bici con sectores caminando que a ver como sale.










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