Poco después
de volver de los Pirineos el año pasado, tuve la "revelación" de que
el principal objetivo para 2026 tenía que ser volver a los Alpes, y
concretamente para participar en L'Etape du Tour, que ya hice en 2019 y que
recordaba como uno de los días en el que más disfruté con la bici, al sentir
que estaba disputando verdaderamente una etapa del Tour. Se lo comenté a Jesús
Caro y le pareció perfecto, aunque quería esperar a conocer el recorrido de
este año para terminar de decidirlo.
Y resulta que
como en 2026 el Tour ha previsto dos etapas con final en Alpe D'Huez,
escogieron para l'Etape la más dura de ellas, con un desnivel de 5.000 metros
que incluye el Col de la Croix de Fer, el Télégraphe y el Galibier y como
novedad la llegada a Alpe d'Huez por el col de la Sarenne...
Me surgieron
dudas, ya que el año pasado al no poder completar la Pyrennenne, me pregunté si
tenía sentido seguir insistiendo en participar en pruebas tan extremas, pero
finalmente decidí hacerlo una vez más.
De nuevo, la
preparación tenía que ser la adecuada al reto que teníamos, y básicamente la
idea fue hacerla similar a la del año pasado, aunque al final, entre unos problemas
y otros, no ha sido como estaba prevista, faltando algún entrenamiento de más
dureza, aunque lo cierto es que hacer rutas con más de tres mil metros de
desnivel acumulado, ya cuesta mucho trabajo.
Entre las
rutas previas al viaje, pueden destacarse, la de la Serranía de Ronda, que en
esta ocasión la hicimos saliendo desde Ubrique, subiendo de inicio el Mojón de
la Víbora hacia Cortés de la Frontera y continuando hacia Jimena de Libar para
enlazar con Encinas Borrachas y desviarnos hacia Alpandeire buscando la subida
del puerto de El Colmenar hacia Jubrique. La vuelta, tras repostar en el
camping del Genal, subida del Espino por Algatocín, terminando de nuevo en
Cortes para regresar a Ubrique, saliendo en total 123 km y 3.050 m+.
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| Ruta por Serranía de Ronda, desde Ubrique. |
CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: Serranía de Ronda
A nivel
particular, decidí participar por fin en la GF Sierras de Moratalla, que la
tenía en la agenda desde hace varios años, y que no defraudó por paisajes y
recorrido, sumando 165 km y cerca de 3.000 m de desnivel. Me sirvió además para estrenar la Terra Race en carrera, que aunque está creada por Orbea para el gravel de competición, mi intención es utilizarla exclusivamente para la carretera, pues mi apuesta es ya total por el monoplato de 46 dientes y casette 10-46.
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| Gran Fondo Sierras de Moratalla. |
CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: GF Sierras de Moratalla 2026
El día antes,
para "calentar" había decidido hacer la subida al Veleta, ya que
Granada pilla de paso, destacando la gran cantidad de nieve acumulada que aún
quedaba y la coincidencia en la cota más alta que se pudo alcanzar con
corredores del Ineos, entre los que se encontraba Carlos Rodríguez al que deseé
suerte para el resto de la temporada.
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| Subida a Sierra Nevada. Junio 2026. |
CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: Veleta cota +3.100
Con el grupo hicimos una nueva subida a la EVA con la carretera aún medio cortada por los importantes daños causados por los temporales. Al salir desde Jerez y llegar al Picacho por Alcalá de los Gazules, sumamos 165 km y 2.300 m+.
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| Subida al "Picacho" |
Y la prueba final iba a ser en Sierra Bermeja, aunque al final tuve que hacerla en solitario y recortándola, pero me permitió "estrenar" la subida al Espino por Benarrabá con el camino terminado de asfaltar (salvo incomprensiblemente, unos 200 m al paso del Genal que han dejado en tierra), y que resultó muy duro, con los tres primeros kilómetros por encima del 10% y rampas de hasta el 18%.
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| Mirador de los Reales. |
Por cierto, que la Vuelta vuelve a tener final de etapa este año aquí, así que habrá que inventar algo como en otras ocasiones...
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| Día 2. Alpe d'Huez. 124 km. +2.700 m. |
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| Día 3. Col de la Loze. 92 km. + 2.400 m |
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| Día 4. L'Etape 2026. 170 km. + 5.100 m. |
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| Día 5. Barcelona. 80 km. +1.000 m. |
Con esta
idea, organizamos el viaje, con el mismo
grupo del año pasado, pero sustituyendo a Jesús Reyes que andaba liado
entre su reciente boda y compra de vivienda, por Javier Ceballos, de la antigua
grupeta de Juan Velarde, a pesar del susto del precio de las inscripciones, que
se ha disparado exponencialmente en estos años, y la más económica estaba en
270 € (incluyendo maillot, eh), y gracias a qué Jesús por estar inscrito en el
club del Tour recibió un mensaje indicándole que los miembros podían
hacer la inscripción por adelantado. Así lo hicimos Jesús, Juan y yo, pero a
Sergio y Javi les fue imposible, porque esperaron a que las abrieran al público
en general, y en escasos minutos se agotaron las 16.000 plazas previstas. Aún
así siguieron con la idea de venir y como estaba previsto, t los cinco nos fuimos
para coger el AVE en Sevilla en la fecha señalada, no sin dificultades para que en los billetes nos
incluyeran el extra de bicicleta y con la amenaza de huelga en Renfe justo para
el día de salida, resuelto al haberse decretado nuestro tren dentro de los
servicios mínimos. Llegamos a Barcelona con algo de retraso y tuvimos algún
problema con el alquiler de uno de los vehículos (al final fuimos con un furgón
de carga para las bicis y un coche), pero aunque tarde, llegamos a Malaucene
como estaba previsto, para hacer la primera ruta desde allí el día siguiente.
A diferencia
de en 2015 que nos limitamos a subir y bajar el Mont Ventoux, está vez, al
dormir justo a su pie y no tener prisa, se pudo organizar una ruta más
completa, haciendo un bucle de inicio para pasar por la Gorge de la Nesque,
espectacular cañón formado por el río Nesque, que desde luego mereció la pena
visitar, aunque tuvimos que subir por medio un puertecito de 14 km aunque muy
tendido afortunadamente.
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| Paso por "Gorges de la Nesque". |
De regreso a la zona de Bedoin, parada para avituallar e iniciar a continuación la aproximación al Mont Ventoux, que desde numerosos puntos del recorrido lo habíamos tenido de referencia al destacar sobre el paisaje la torre de comunicaciones de su cima, hasta que de repente saltó el climb pro del Garmin, metiendo miedo al ver qué restaban 18 km y 1.400 m de desnivel.
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| Camino del Mont Ventoux |
Como yo ya lo conocía, el único consuelo era saber qué a partir del Chalet Reynald, donde aparece el característico paisaje lunar, ya suavizaba porque desde luego, los 10 km atravesando el bosque siempre con porcentaje cercanos al 10% se hacen eternos. Afortunadamente el viento que suele azotar la parte final, era moderado y favorable y nos ayudó a coronar sin mayor dificultad.
Quedaba solo
el descenso hasta Malaucene, llegando a donde estábamos alojados con la
satisfacción del primer hito conseguido, aunque nos costó un rifi rafe con el
gestor del complejo, por un malentendido con la posibilidad de retrasar la hora
de salida. Se resolvió pagando algo de más y nos fuimos hacia Grenoble, desde
donde nos moveríamos el resto de los días.
Para la
segunda etapa la idea inicial era subir el col de la Loze, combinado con alguna
otra ascensión de la zona, como la Madeleine, o la Plagne, pero se iban a cerca
de 180 km y más de 4.000 m+, por lo que hubo que entrar en razón, y hacerlo en
plan monopuerto (y menos mal que así fue, porque no quiero hacer spoiler,
pero hubiera sido la muerte).
Finalmente el segundo día decidimos hacer la de Alpe d'Huez, aunque también se le dio alguna vuelta a la forma de enlazar con el recorrido del Tour como estaba previsto. Una opción era a través del col de la Morte, pero se descartó al ver los números: 14 km y 1.000 m+, casi lo mismo que el propio Alpe D'Huez y finalmente lo hicimos por el lago de Laffrey, también con una subida pero más cómoda, para entrar en el recorrido de la etapa a la altura de Valbonnais, encontrando ya carteles que avisaban del corte de la carretera por el paso del Tour.
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| Subida al lago de Laffrey. |
Tras el paso
por Entraigues, inicio del col d'Ornon, con un inicio muy suave para ir ganando
altura incrementándose en los kilómetros finales pero no a más del 7%. El
descenso, mucho más virado y espectacular, llamándonos la atención la cantidad
de ciclistas de todo tipo de condicion que subían.
Quedaba el plato fuerte del día, así que hicimos una parada para beber y comer algo, antes de afrontar la subida, y que arranca de forma bastante brusca, pero que va luego suavizando, contando además con los 21 mini descansos que suponen las famosas curvas. Cada uno subimos a nuestro ritmo para reagruparnos en el podium que tienen instalado en la zona más alta de la estación, próxima a la línea de meta.
Sobre las marcha decidimos aprovechar para recoger los dorsales, ya que se entregaban en la villa allí montada con los stand de todas las tiendas de ciclismo conocidas, evitándonos tener que volver a subir después con el coche, ya que empezaba a estar aquello saturado de tráfico.
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| Vista desde Alpe d'HUez |
Tras volver a bajar y un tramito de llano hasta donde teníamos los vehículos, terminamos la ruta muy contentos por haber superado la que sin duda es la subida más mítica del Tour, en mi caso ya por tercera vez.
El tercer día
tocaba lo que para mí era lo más esperado del viaje, la subida al col de la
Loze, aunque por la mañana me llevé la decepción de que Jesús y Juan
prefirieron quedarse en el piso para descansar.
Los demás tal
como estaba previsto nos desplazamos hacia la zona de Albertville, para hacer
unos cuantos kilómetros llanos de calentamiento, antes de iniciar la subida
nada más salir de Moutiers, con 25 km y 1.700 m+ por delante. Mi referencia, la
subida a Sierra Nevada, imaginándome que se trataba como subir desde Granada a
la Hoya de la Mora. Y al principio eso parecía, por el tipo de carretera y la
pendiente relativamente fácil, pero escondía una trampa, en los seis últimos
kilómetros, que ya iba sospechando ya que quedaban aún 600 m de desnivel. La
carretera paso a convertirse en pista asfaltada con acceso permitido solo a
bicicletas, lo que se agradece mucho, pero con rampones cada vez más empinados,
siendo frecuentes porcentajes cercanos al 20%, convirtiendo este tramo en algo
tan duro, que hasta el propio Pogacar pilló la única pájara sería que le hemos
podido ver. Lo corroboró Sergio, que anda ahora incluso más que el año pasado
en los Pirineos, y que comentó que habían sido los seis kilómetros más duros
que había hecho nunca.
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| Col de la Loze por Meribel, |
Tras un ratito recreándonos con el paisaje, con los Alpes más "salvajes" al frente, hacer fotos en los carteles y tomar algo en el bar de la cima (que nos supuso 16 € por un café y dos coca colas), empezamos a bajar por la cara b, desviándonos para llegar al altiplano, tal como se hizo en aquella etapa, aunque nos faltó algún cartel del Tour o algo especial.
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Sí que había señalización de carrera porque casualmente se disputaba el día siguiente el GF col de la Loze, prueba de la que no tenía conocimiento en la que se hacen las dos vertientes acumulando en 117 km más de 4.000 m, con un track muy parecido al de una de las opciones que estuve barajando. Terminamos de bajar hasta Courchevel le Praz, donde traté se solucionar un problema mecánico que había empezado a notar. La dirección tenía holgura y al frenar vibraba mucho, pero no encontré la llave allen que creía tener en el bolso de las herramientas y los compañeros tampoco tenían. Me tuve que hacer todo lo que quedaba de bajada, unos 20 km, frenando solo con el trasero con lo que literalmente me quedé sin pastillas de freno.
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| Courchevel le Praz |
CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: Col de la Loze
De vuelta al
piso, después de tomar un hamberguer por el camino, solicité “servicio mecánico”
a Juan y Jesús, que pudieron solucionarme los problemas, sin tener mucho más
tiempo para hacer nada más, ya que la complicada logística para asistir a la
prueba dada su masificación, nos obligaba a estar en planta a las 4:00, dado
que la carreta de acceso a Le Bourg d’Oisan, punto de inicio, la cortaban al tráfico
a las 5:30, así que había que irse pronto a dormir.
Según lo
previsto, nos poníamos en camino hacia la salida, encontrando aparcamiento en
buen sitio relativamente fácil, así que con bastante antelación nos fuimos para
los cajones de salida en los que habíamos caído sin saber muy bien con qué
criterio: Juan en el 6, yo en el 8 y Jesús en 13, con más de 30 minutos de
diferencia en la hora de salida, por lo que no sabíamos si llegaríamos a vernos
por el camino.
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| En la salida. |
A las 7:15 abrieron
la valla de mi cajón, para dirigirnos hacia la línea de salida que cruzábamos a
las 7:30 en punto, rodando rápido los primeros kilómetros hasta el inicio de la
larguísima subida del col de la Croix de Fer, de 26 km, aunque dividida en tres
partes con dos descansillos intermedios que mentalmente lo hacían más
asequible. Pero poco a poco, conforme iba ascendiendo, y aunque me iba
sintiendo cómodo e incluso alcancé a Juan, me fui acordando de por qué no había
vuelto por aquí desde 2015: el recorrido clásico de la Marmotte era muy similar
al que teníamos por delante, y me prometí en aquella ocasión que no volvería
más por no tener que volver a subir este puerto, je je…
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| Coronando Croix de Fer. |
Tras más de
dos horas, por fin me encontraba en la cima, donde paré en el avituallamiento,
bastante escasito para mi gusto, al no haber algo salado ni coca colas,
lanzándome a la igualmente larga bajada hacia Saint Jean de Maurienne, pensando
en lo bien que me vino poner las pastillas de freno nuevas. Pero justo abajo
surgió otro problema: antes de salir, le comenté a Jesús que no había cargado
la batería del cambio en estos días, y precisamente en ese momento saltó el
aviso de batería baja, por lo que me preocupé teniendo en cuenta todo lo que
aún quedaba.
Tocaba
afrontar la parte decisiva del recorrido, el terrible enlazado
Telegraphe-Galibier y que en aquella edición de la Marmotte no pudimos realizar
debido a que se produjeron desprendimientos
en la carretera meses antes y tuvieron que modificar el track, volviendo a
subir Croix de Fer por donde hemos hecho la bajada esta vez.
Por los datos
del cartel al inicio del Telegraphe, tenía por delante un “puerto de las Palomas”:
12 km con 800 m de desnivel, y así fue más o menos, siempre con una pendiente
bastante constante, pude superarlo sin mayor dificultad, y apenas sin cambiar,
ya que iba con la mente puesta en ahorrar batería. Tras coronar, bajada hacia
Valloire donde volvía a parar en el avituallamiento comprobando que estábamos
en las mismas, sin nada apetecible que comer.
Al menos sí que había geles, cogiendo un puñado para la subida del Galibier, que ya lo había hecho por esta vertiente en 2014 en mi primer viaje a los Alpes y sabía de lo que iba. En la primera parte iba bastante bien, volviendo a contemplar aquel paisaje único, pero a falta de 5 kilómetros, empecé a desfallecer, costándome cada vez más y llegando al límite a la cima.
Me tomé unos minutos de descanso tomando alguna foto de las impresionantes vistas que se tiene en ese punto, y me tiré para abajo hasta Latauret, dudando de si irme ya directo para Le Bourg d’Oisans, teniendo en cuenta lo que me había costado coronar Galibier y que aún quedaban 1.400 m+ por ascender según el Garmin, casi deseando que se me acabara la batería del cambio para tener la “excusa perfecta”.
Pero entre
que tras el paso por los túneles, comprobé que los datos de altimetría no se
ajustaban a la realidad (seguramente porque el desnivel lo calcula la
aplicación según el perfil de la montaña), y “solo” quedaban 1.000 m+ , que la
organización había vallado de tal forma el cruce hacia el col de la Sarenne,
que prácticamente no había escapatoria y que la batería aguantaba, vi que no
había más remedio que terminar, aunque ya en el primer kilómetro casi que me
arrepentí al encontrar rampas de hasta el 15 %.
Tras varios
descansillos y repechos, se entraba en los 10 km finales, ya más regulares con
porcentajes en torno al 7%, que muy lentamente iban pasando, animado un poco por
el trazado de la carretera con unos espectaculares zig-zags y las vistas que se
iban teniendo conforme se ascendía.
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| Tramo final del Col de la Sarenne |
Pero la parte
final volvió a endurecerse, rozando ya la pendiente el 10 % en los tres últimos
kilómetros, que resultaron verdaderamente agónicos. Cuando coroné, no me lo
podía creer, y solo faltaban 8 km para la meta ya favorables, aunque con un par
de repechos que no eran nada en condiciones normales, pero que me dieron la
puntilla. Por fin me vi en el último kilómetro, alegrándome enormemente al
cruzar la línea de meta y recibir mi medalla finisher, pero con la firme
intención de no volver a hacer algo tan extremo nunca más, al menos hasta que se me olvide como lo de la Croix de
Fer en 2015, je je.
CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: L'Etape du Tour 2026
Tras recuperar un poco, me interesé en ver como iban los demás. Sergio había hecho por su cuenta el recorrido completo de la prueba, salvo la subida a la Sarenne, Javi, salió en sentido contrario dirección Lautaret con la idea de subir el Galibier, pero no le fue posible porque los primeros clasificados estaban ya a punto de llegar, Juan decidió poner fin en el Croix de la Fer porque ya había tenido suficiente y Jesús aún seguía en carrera, pero a pie de la Sarenne, por lo que le quadaba más de hora y media para llegar según la aplicación para el seguimiento de los corredores facilitada por la organización. Así que decidí irme para la furgoneta para comer algo, cambiarme y esperar allí. Y es que teníamos un problema serio: se nos estaba haciendo muy tarde y no íbamos a llegar a tiempo al alojamiento que teníamos reservado en Montpellier con la idea de ir acercándonos a Barcelona, para ver la Final del Mundial, je je.
Por fin Jesús terminó, fuimos a recogerle a pie de Alpe D´Huez y nos pusimos en camino, conformándonos con ir viendo el partido en la aplicación del móvil, llevándonos el alegrón con el gol de España ya en las afueras de Montpellier
Destacar algunos detalles chulos de la prueba, como el video personalizado facilitado a cada
participante, y que en la clasificación no quedé ni tan mal pese a todo (justo
en la mitad en la general y en el top 40% por categoría).
Al día siguiente, entre que había que llegar a Barcelona y teníamos que contar con los márgenes de tiempo suficientes para empaquetar las bicis, devolver los vehículos y llegar a la estación, fui rediseñando la ruta sobre la marcha, pero al pillar varias retenciones, llegamos al parking que teníamos localizado (el del Ikea de la Fira), a las 12:00, por lo que como mucho había hora y media para hacer algo. Pero entre el cansancio, el calor que ya hacía a nadie le compensó vestirse y salir salvo a mí, que en la película que tenía montada, hacía falta un “epílogo”.
Así me
puse la equipación de l'Etape y en solitario me fui a hacer el recorrido mínimo
imprescindible para pasar por la Pedrera y la Sagrada Familia, obras paradigmáticas del genio Antoni Gaudí, que
verdaderamente impresionan, y hacer la subida a Montjuïc, el escenario elegido
para la llegada de la crono por equipos del Tour, y que me resultó muy dura, sobre
todo al inicio donde hay una rampa del 15%, por lo que me sorprendió aún más lo
rápido que pasaban los Pro por allí.
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| La Pedrera. |
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| La Sagrada Familia. |
En la bajada me confundí siguiendo el track, pero no quise irme sin echar un vistazo al Pabellón alemán de la Exposición Internacional de 1929, obra del gran maestro Mies van der Rohe, quien popularizó la célebre frase "Less is more" (Menos es más) y que está obra representa su máxima expresión, conservándose como icono mundial de la arquitectura minimalista.
Desde allí
llamé al grupo para ver si estaban ya en la Estación, pero me dijeron que
seguían en el Ikea, así que me fui para el parking, terminé de recoger y
salimos para Barcelona Sants, con un momentos de nervios ya que a pesar de
estar a escasos 2 km, tardamos más de la cuenta por el tráfico, así que íbamos ciertamente con el tiempo justo,
aunque al ver en los paneles que el AVE iba con retraso nos pudimos relajar
algo, mientras pasábamos los controles y esperábamos a que asignaran la vía. El
personal de la estación, muy amables, nos indicaron por donde bajar las bicis
al andén y una vez guardadas, por fin estábamos sentados en nuestros asientos
iniciando el camino de vuelta, que concluyó sin más incidencias.
Haciendo
balance, otra experiencia inolvidable, con hitos verdaderamente significativos
logrados, pero que ha costado tanto a nivel físico y mental, resumido en unos
números totales de locos (500 km y 12.400 m de desnivel), que hace pensar en
que hay que pisar un poco el freno y empezar a hacer cosas más de personas
normales, aunque lo próximo que hay en la agenda es un Camino de Santiago “híbrido”
con la familia, combinando tramos en bici con sectores caminando que a ver como
sale.







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