martes, 7 de abril de 2026

Los Cinco Monumentos del Ciclismo

 

Visto que las clásicas de un día cada vez resultan más interesantes, e inspirado por el reto del maestro Tadej Pogacar de conseguir ganar los cinco "Monumentos" del ciclismo, he decidido plantearme a mi nivel, participar en las versiones ciclodeportivas de todos ellos, contando con que La Paris-Roubaix ya la conseguí hacer en 2017, y que ya me había fijado como primer objetivo del 2026 el Tour de Flandes.


Con esa idea, al ir planeando el viaje a Bélgica que coincidía con Semana Santa y permitía alargar algo la estancia, y presentarse la oportunidad de viajar también a Milán pocos días después, no pude resistir la tentación de además de conseguir mi "segundo Monumento", aprovechar para "reconocer" el recorrido de los demás.

El viaje a Bélgica lo planteé en grupo, aunque finalmente solo se animó Jesús Caro, y además de hacer Flandes, me valdría para recordar viejos tiempos en Roubaix y visitar por primera vez Lieja, mientras que el de Milán, en realidad era para acompañar a mi mujer al “Salone del Mobile”, con la "condición" de que me dejara un par de mañanas libres para rodar por los territorios de La Milán-San Remo y el Giro de Lombardía, je je. 

Como es habitual, empezamos a seguir un plan para preparar la prueba, aunque debido al malísimo tiempo que sufrimos en los meses de febrero y marzo, con fuertes lluvias y destrozos en las carreteras, costó seguirlo sin poder hacer ninguna ruta equiparable a lo que nos esperaba en Flandes. Al menos hemos podido volver a disfrutar viendo los pantanos llenos y desembalsando después de 13 años.

Con ciertas dudas sobre el estado de forma, ya que tampoco pude debutar este año en alguna prueba de gran fondo previa como me hubiera gustado, llegó el momento de iniciar el viaje, que sería la primera vez en avión para Jesús, por lo que andaba algo nervioso.

La partida, desde el Aeropuerto de Málaga, donde con bastante retraso embarcamos justo en el momento en que metían las bicis en la bodega, por lo que al menos íbamos tranquilos sabiendo qué llegarían con nosotros. El aterrizaje sin problemas y en seguida estábamos en el coche dirección Aalterbrug, la localidad donde habíamos encontrado el alojamiento convincente más cerca de Oudenaarde, el centro neurálgico del Tour de Flandes. Pero la cosa se complicó debido a que era hora punta en la zona de Bruselas por donde pasábamos, encontrando enormes retenciones, por lo que ya llegamos algo tarde y no dio tiempo a salir a rodar un poco como tenía previsto para visitar Brujas, una de las ciudades con más encanto de Bélgica. 

Tuvimos que limitarnos a dejar todo el material listo para salir por la mañana temprano hacia Oudenaarde, recoger el dorsal, vestirnos y dirigirnos hacia la salida, que en este caso, era con horario libre entre las 7:00 y 10:00, por lo que no había esa necesidad de salir a tope como en las gran fondo al uso, de todas formas, los adoquines pronto pondrían a cada uno en su lugar. Pero al montarme en la bici vi que no iba el cambio. Traté de resetearlo, pero no reaccionaba y menos mal que en la zona de stands había servicio mecánico y pudieron solucionarme el problema, porque veía que se me desmontaba toda la película que me había montado.

Por fin en marcha, los primeros tramos iban sucediéndose y será por la "experiencia" conseguida con el gravel, los iba superando sin dificultad, llegando al Kapelmuur, algo por delante de Jesús, aprovechando para hacerle un vídeo en el tramo final de la subida que resultó muy chulo.



Primeros tramos de pavé.

Justo en ese momento, y aunque los pronósticos del tiempo daban pocas probabilidades, comenzó a llover, por lo que Jesús me comentó que tirara yo para adelante porque él se lo iba a tomar con más calma.


Paso por el Kapelmuur

Yo seguí con confianza, más aún cuando la lluvia no fue a más, llegando al Kopemberg casi en seco, aunque la acumulación de gente formó un tapón que hizo inevitable poner pie a tierra. Cuando encontré hueco, pude encalar y terminar el tramo sobre la bici, que ya tuvo su mérito. Las imágenes allí captadas lo dicen todo.


Paso por el Kopemberg

En el Oude Kwaremont, temía que pasara lo mismo, pero pude pasarlo bien, aunque un "poquito" más lento que lo harían los pro el día siguiente. Y a continuación, el Paterbeg, librando una caída justo delante mía, por lo que también pude coronar. 


Paso por el Patemberg

 
Ya solo quedaba llegar a la meta, aprovechando el terreno favorable y el rebufo de los grupos para "maquillar" la media.


Bajada desde el Patemberg.

Llegada a meta

En poco más de cinco minutos apareció Jesús, y con nuestra medalla nos fuimos contentos a buscar algo para comer, ya que los belgas no tuvieron el detalle de incluir al menos un platito de pasta con la inscripción...salvo esto, que en realidad es lo de menos, la organización magnífica para tratarse de un evento con 14.000 participantes, aunque nos enteraríamos por la noche de la desgracia de un fallecido por problemas cardíacos.


Como en realidad ya había estado curioseando por aquí en 2017 tras hacer la Paris-Roubaix challenge, pude comprobar en Strava que había hecho PR en casi todos los segmentos, por lo que ni tan mal.

CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: Tour de Flandes 2026

El día siguiente tocaba volver al "Infierno del Norte" y eso que en muchas ocasiones ya he comentado que la Paris-Roubaix challenge es la prueba más dura que he hecho nunca y seguramente me hubiera prometido no volver. Pero había que ceñirse al plan y a Jesús también le apetecía probar en persona por donde pasan los profesionales a mil por hora.

Estuvimos dudando en que recorrido hacer, porque íbamos con la idea de acabar con tiempo de volver para Oudenarde y tratar de ver el final de la carrera. La idea era llegar desde Roubeaix directamente hasta el Bosque de Arenberg y hacer la vuelta siguiendo ya el recorrido oficial, aunque recortando algo si hacía falta.

A la salida, algo de frío y viento molesto, pero llevadero, aunque hizo que la primera parte hasta Arenberg se hiciera larga. A partir de ahí comenzó la "fiesta",  comprobando que realmente es inhumano meter por ahí un pelotón a más de 40 km/h. 

Acceso a el Bosque de Arenberg


Tras recrearnos un poco grabando vídeos, nada más continuar empezamos a encontrar la señalización de la carrera, lo que me sorprendió porque estaba con una semana de antelación, sirviendo de aliciente para seguir con la sensación  de estar en "modo competición".



Empezamos a enlazar los tramos de la zona de Mons-en-Pévéle y de repente comenzó a llover, aumentando la sensación de frío. En esta zona coincidimos con una carrera máster que nos hizo tener que parar un par de veces bajo la lluvia hasta que pasara toda la caravana, enfriándonos más aún. Para colmo, Jesús empezó a tener problemas con las cubiertas, que no sabemos muy bien por qué, resbalaban en las zonas de adoquines más viejos, estando a punto de irse al suelo varias veces, con lo que lo del "Infierno del Norte" empezó a cobrar todo su sentido.

Afortunadamente, conforme nos acercábamos a Roubaix iba mejorando la cosa, saliendo incluso el sol, por lo qué los últimos tramos pudimos pasarlos sin mucha dificultad. Tanto es así, que habíamos superado el Carrefour de L'Arbre, donde me caí en 2017, sin "darme ni cuenta"...



Por fin en la ciudad, llegamos justo a las puertas del velódromo, sin poder dar la vuelta de honor al estar cerrado al público, pero pudiendo posar junto a la escultura que replica a gran escala el trofeo que se entrega al ganador de la carrera profesional y a los finisher en la challenge, y que tengo el honor de poseer, je je.


CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: "Reconocimiento" Paris-Roubaix

La sensación es que pese a todo, me resultó más llevadero que en 2017, ya sea como comenté antes por el tema del gravel o posiblemente por la bici, ya que la Orca aunque ya muy trillada y en proceso de “adaptación a la jubilación”, respondió claramente mejor que la Wave que llevé en aquella ocasión y que parecía que se me iba a desarmar en cada tramo. 

La nota negativa fue que con tantos imprevistos nos retrasamos mucho y nos quedamos sin tiempo material para ir a ver en vivo a Pogacar y compañía, conformándonos con ir viendo la carrera en el móvil durante la vuelta al alojamiento. 

Por la tarde estuve barajando incluso volver a vestirme y hacer el recorrido que se quedó pendiente hasta Brujas, pero Jesús no estaba por la labor y como tampoco tenía tanta necesidad, lo descarté. 

Sí salí a buscar una gasolinera cercana con lavado a presión, para limpiar la bici, aprovechando para visitar un impresionante molino de viento, característico de la zona, al igual que nuestro propio alojamiento, una antigua granja rehabilitada y adaptada con bastante buen gusto.

Woestyne Business & Leisure Apartments. Aalterbrug


Pietendriesmolen

A la vuelta me encontré a Jesús empezando a desmontar la bici porque había decidido no hacer la ultima ruta prevista antes de la vuelta y prefería guardarla ya en la maleta tranquilamente y evitar cualquier contratiempo. Intenté convencerle de que se lo replanteara, porque yo no me podía volver sin hacer algo en Lieja, pero insistió en que ya estaba satisfecho con lo hecho y que no le importaba esperarme en el coche mientras yo salía.

Y así fue, aunque un email recibido de Ryanair advirtiendo de qué había que estar con tres horas de antelación por la previsión de largas colas en el control de seguridad del aeropuerto de Charleroi, me hizo tener que recortar el recorrido limitándolo a lo mínimo imprescindible para pasar por la Redoutte, la cota más icónica de la Lieja-Bastone-Lieja.

Y ciertamente  resultó dura, con un tramito al 17% de media, teniendo en cuenta el desgaste de los días anteriores, con la pequeña decepción de no encontrar arriba ni un triste cartelito, en contraste con el “marketing” que tienen en Roubeaix con todos los tramos de pavé perfectamente identificados…supongo que con el ambiente en carrera, será mucho más especial el paso por aquí.


La Redoutte.

En este punto según el Garmin me quedaban poco más de 35 km, pero 600 m de desnivel, lo que no me cuadraba ya que mi impresión viendo la carrera otros años es que ya era terreno favorable. Pero todo lo contrario, se fueron sucediendo varias cotas y en especial la de Rouche-des-Faucouns tan dura como la Redoutte.

Ya desde allí, sí todo cuesta abajo hacia Lieja, encontrando una de las vistas más emblemática de la ciudad con el monumental Pont de Fragnée en primer plano, justo a la entrada en la avenida donde instalan la meta, empezando a pensar como resultará de duro estos últimos 40 km llegando con 200 km y 3000 m de desnivel acumulado...

 

Pont de Fragnée. Lieja 

Avenida de las Ardeans. Meta de la Lieja-Bastone.Lieja.

Y con el objetivo cumplido, tocaba iniciar el camino de vuelta, llegando al aeropuerto a la hora indicada, y facturado y pasando todos los controles en menos de 15 minutos, más rápido que nunca, sintiendo cierto cabreo por la falsa advertencia que me había impedido hacer la ruta tal como tenía previsto.

Pero bueno, esto me sirvió para decidir que la Lieja será la próxima...

Tras la paciente espera, hasta el embarque y el despegue, vuelo sin incidencias y disfrutando de las vistas, en especial de los Pirineos, ya que el día estaba completamente despejado, llegando a Málaga algo antes del horario previsto. 

 

Vista aérea de los Pirineos.

Cómo estaba previsto, dos semanas después, estaba de nuevo camino a otro aeropuerto, esta vez al de Sevilla. El vuelo hasta Bérgamo, para pasar la primera noche en el Lago de Como y poder hacer el Jueves por la mañana el recorrido de reconocimiento de "il Lombardía".

Cómo realmente ya estuve hace dos años allí, ya había probado el muro de Sormano, pero me faltaba la otra subida icónica de esta prueba, Madonna del Ghisallo, así que era imprescindible pasar por allí. Estuve dándole muchas vueltas a que ruta hacer, ya que como aún no se ha presentando la edición de 2026, y aquí suelen cambiar los finales de un año para otro, no tenía una referencia clara, así que opté por hacer el tramo final del recorrido de 2024, saliendo desde Como, encadenando Ghisallo y Sormano, para terminar subiendo San Fermo. 

Muy temprano, aprovechando que en Italia amanece sobre las 6:30 en esta época, estaba montado en la bici dirección Bellagio, disfrutando de las primras vistas del lago de Como. 

Carretera Como-Bellagio

Tras unos 20 km por la orilla del lago, desvío para empezar a subir Madonna del Ghisallo, que me sorprendió por su dureza en los tres kilómetros iniciales, con tramos mantenidos al 10 % de media, llegando después a un descansillo, para encarar la parte final que volvía a endurecerse, coronando justo donde se encuentra la célebre capilla, con la inscripción "Madonna del Ghisallo patrona di ciclisti" y los Bustos de Gino Bartali, Fausto Coppi y Alberto Binda, toda una oda al Ciclismo italiano.


Santuario de Madonna del Ghuisallo

Tras el descenso, desvío hacia Sormano, para empezar la segunda ascensión del día, encontrando pronto el desvío hacia el muro. Al saltarme en el Garmin la pantalla del Climbpro, y ver que en 1,7 km, se ascendía 290 m, enseguida me pregunté cómo se me había ocurrido volver a meterme por aquí, dada su extrema dureza, siempre por encima del 15 % y con varias rampas al 20 %. 

Muro di Sormano

La Colma de Sormano

Me costó mucho terminar, tardando 18 minutos, y tras parar en el cartel, totalmente cubierto por pegatinas,  vi que iba justo de tiempo, así que decidí que ya había tenido bastante, y me fui directo al hotel donde me esperaba mi mujer para salir hacia Milán, aunque me di el gusto de hacer una subidita final hasta un mirador que me ofreció otra espectacular vista más del Lago de Como.




CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: "Reconocimiento il Lombardia”.

El plan por la mañana era visitar la Fundación Prada, gran complejo cultural diseñado por el arquitecto Rem Koolhass destinado a exposiciones de arte contemporáneo, y ya por la tarde junto a unas amigas que venían de Sevilla y Málaga, patear todo el centro de Milán, de tienda en tienda, lo que sinceramente resultó más duro que el muro de Sormano, je je.

El viernes tocaba visitar el “Salone del Mobile”, así que temprano hubo que salir hacia allí, para tratar de ver todo lo posible, ya que aquello es una locura total, por dimensiones, número de stands y de gente. Nos centramos en las marcas más importantes, consiguiendo probar el Sofá Boa de Edra, que se puede adquirir por el "módico" precio de 30.000 €. (Lo tenía localizado en AliExpress por 650 €, pero no sé si será lo mismo, je je).


Sofa Boa de Edra. Salone del Mobile de Milán.

Y la anécdota del día fue ya al salir del recinto en una exposición que había de diseños icónicos del siglo XX. Resulta que mi mujer compró hace tiempo una pieza que representa un Gnomo supuestamente para usar como taburete y que a mí me resultó horroroso y los niños siempre se han reído de él. Pues junto a vestidos de Valentino o la tumbona de Le Corbusier, estaba expuesto el p... Gnomo, así que tuve que agachar las orejas y reconocer que mi mujer siempre lleva la razón...


Gnomo de Kartell. Exposición Salone del Mobile de Milán.

Por la noche, vuelta a Milán para cenar en el entorno del Duomo y despedirnos del grupo, ya que nosotros el día siguiente nos íbamos para Sanremo.

Como el alojamiento lo habíamos cogido en Vigevano, pueblecito a las afueras de Milán más tranquilo y barato, por donde también ya pasé la vez anterior y me encantó, quise salir a rodar el sábado por la mañana para recolocar los músculos, ya que los dos días de la feria me habían dejado las piernas hechas polvo.

Plaza Ducal de Vigevano.

Me limité a dar una vuelta por el entorno, llegando hasta Pavía, que destaca por su puente cubierto, enlazando tanto a la ida como a la vuelta distintos tramos de caminos de servicio de canales de riego del valle del rio Ticino adaptados a carriles bici, pasando junto a antiguas granjas, algunas de ellas rehabilitadas para turismo rural, con lo que todo el trayecto resultó muy agradable.


Cascina Caremma. Agroturismo valle del Ticino.

Carriles del Valle del Ticino.

"Ponte Coperto" de Pavia

La sorpresa es que como el día estaba totalmente despejado empecé a divisar en el horizonte algo que en principio me parecían nubes pero que finalmente puede comprobar que eran montañas nevadas, y no podían ser más que los Alpes, a pesar de las estribaciones  más cercanas están a unos 100 km, lo que da idea de la enorme magnitud  que tienen.

Vista de los Alpes desde la zona de Vigevano.




Terminado el recorrido, recogimos y vuelta al coche hacia Sanremo, haciéndose un poco largo debido al intenso tráfico italiano y varios tramos en obras en la autostrada de Génova.


Tras comer y descansar un poco, la idea por la tarde era visitar Mónaco, pasando por Roquebrune-Cap Martín, lugar icónico para los arquitectos al ser el lugar elegido por Le Corbusier para sus retiro y finalmente ser allí enterrado. Pero la cosa se complicó exageradamente por el tráfico, tardando en hacer los 30 km que nos separaban, cerca de dos horas, lo que fue desesperante. El cementerio ya estaba cerrado al llegar y tampoco había forma de visitar "Le Cabanon", la cabaña que se hizo para su alojamiento, así que nos tuvimos que conformar con ver la estatua colocada en su honor en la punta de Cap Martín
Tumba de Le Corbusier. Cementerio de Roquebrune-Cap Martin.

A Mónaco ya llegamos sin tanta complicación y enseguida nos dimos cuenta que aquello es totalmente surrealista. Buscando parking, sin saber muy bien cómo, acabamos circulando por el trazado del circuito, ya montado al haberse celebrado un evento de F1 históricos, comprobando que los megarricos se dedican a darse paseos por allí con sus Lamborghinis, Ferraris o Porshes, lo que hace más gracioso que nosotros pasáramos con el Ford Prima de alquiler que llevábamos, je je.  

 


Y ya de la zona del Casino, mejor ni hablar...en todo el tiempo que estuvimos, solo vimos tiendas de Chanel, Luis Vuiton, Armani, Cartier, Bulgari...la pregunta era dónde compran las personas normales que vivan allí...

En fin, que decidimos irnos de allí, pensando en el sablazo que nos iban a dar en el parking, con la sorpresa de que al meter el ticket nos salió que la cantidad pendiente de abonar era 0,60 euros, a lo que no encontramos explicación visto lo visto.

Me quedaba el objetivo principal, que por supuesto era reconocer la parte final del recorrido de la Milan-Sanremo.

La idea era aprovechar la ciclovía de la "Riviera dei flori", impresionante infraestructura  aprovechando un antiguo trazado ferroviario, perfectamente asfaltada y acondicionada con todo lujo de detalles (incluso hilo musical en los túneles), para llegar hasta la zona de Alassio y enlazar con el tramo final de la carrera, incluyendo los tras capos y por supuesto La  Cipressa y el Poggio.

Iba todo perfecto hasta que a los 30 km, de repente me encontré cortada la ciclovía por unas obras, no encontrando más opción que dar la vuelta y coger por la carretera, subiendo el capó Berta y el capo Cervo en sentido contrario, hasta que en Marina di Andora  decidí darme ya la vuelta para no entretenerme mucho más.



Pista ciclable "Riviera dei Fiori". 

Quise hacer estos últimos 50 km, ya íntegramente por el recorrido oficial  apretando lo que podía, por tener un poco la sensación de ir en carrera, pero aun así en La Cipressa, hice una media de 16 km/h, cuando Pogacar tiene el KOM a 39 km/h, lo que es verdaderamente impresionante, porque ni en la bajada  llegué a esa velocidad. 


Subida de la Cipressa


En el Poggio, más de lo mismo, alegrándome bastante al coronar y empezar al bajada hacia Sanremo, resultando todo muy satisfactorio,  sobre todo al llegar a a la zona donde instalan la meta, y encontrar el “Milano Sanremo walk de la fama”, cartel inaugurado precisamente en la edición de este año dedicado a los grandes campeones de la "Classicissima".

 

CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: "Reconocimiento Sanremo"

Sin tiempo para mucho más, ya que había que volver a Bérgamo con antelación suficiente para coger el avión cargamos todo en el coche e iniciamos el camino de vuelta con la sensación de que se acababa lo bueno...

 

Todo esto me reafirma en la idea de conseguir los 5 Monumentos de manera "oficial", sobre todo viendo la espectacular resolución de la Lieja-Bastogne-Lieja que ha coincidido con el viaje y que pude ir viendo de fondo con el móvil en el coche. Como comenté antes, casi seguro que será la próxima, y como hay opción de recorrido intermedio de 165 km no debe suponer un problema grande hacerla.

La de Lombardía es la más fácil, ya que hacen un único recorrido y no es muy exigente, ya que solo salen 112 km y unos 2400 m de desnivel.

El problema es la Milan-Sanremo, ya que aquí la única opción es hacer el miso recorrido que los pro, teniendo que completar los 300 km, y eso sí que son palabras mayores, ya que es algo que nunca he hecho. Pero si tiene que haber una primera vez, que mejor que sea por este motivo, no?

Ya se irá viendo como plantearlo…











miércoles, 15 de octubre de 2025

Bikepacking Costa Gaditana.

 

Llevaba varios años con el proyecto en mente de dar la vuelta al Estrecho, saliendo desde Jerez, que por carretera se iba a los 240 km, pero un día en Cabello, al comentarme Fernando Naranjo que iba a hacer la “ruta de los Faros”, que recorre toda la costa gaditana, pensé que se podía ir un poco más allá y plantear hacer el recorrido en modo bikepacking.

Después de ver las diferentes opciones, la conclusión fue dividir la ruta en tres etapas, la primera con salida desde Cádiz para recorrer la costa Noroeste hasta Sanlúcar terminando en Jerez, la segunda llegando hasta La Línea utilizando el corredor verde Dos Bahías con incursión en Gibraltar incluida, y la tercera subiendo por la costa Atlántica hasta terminar de nuevo en Cádiz, decidiendo que sería un buen momento para realizarla el puente de Octubre, ya que podría hacerlo en compañía con Jesús Caro. 


A Sergio Prado también le gustó la idea y en principio se apuntó, aunque finalmente no pudo venir, y a Jesús se le complicó el sábado por temas de trabajo, por lo que la primera etapa tocó hacerla en solitario.

Día 1: De Cádiz a Jerez – “Entre marismas, playas y viñedos” (135 km)

Así me planté con el coche en Cádiz, para pasar a recogerlo a la vuelta, y como dormiría en casa, no hacía falta cargar de momento con la mochila. Encontré sitio para aparcar justo al lado del Puente de la Constitución, por lo que estuve tentado de atravesarlo como en alguna otra ocasión anterior por  el carril de servicio cuando aún estaba en obras, pero aunque incomprensiblemente continúa sin usarse para nada, ahora que han puesto barreras y cámaras, ya da más respeto. Se dice que al menos se va a habilitar un paso por el Puente Carranza, pero a ver si lo vemos…


Puente de la Constitución. Cádiz.


Según lo previsto, salí por el carril del margen que da a la Bahía dirección San Fernando, para continuar por la vía verde hasta Puerto Real, suponiendo una primera toma de contacto con el Parque Natural de la Bahía.

Vista de la Bahía desde Puerto Real


Tras cruzar la ciudad, quise pasar por los Toruños, donde “descubrí” un tramito que no conocía, para llegar hasta la pasarela de la UCA que cruza la Autovía  y tomar el carril del “Puente Amarillo”, llegando a El Puerto a través de las Salinas la “Tapa y Marivélez”.

“Puente Amarillo”.


Carril Salinas la “Tapa y Marivélez”.


El siguiente destino, Puerto Sherry, donde se encuentra el primer Faro que visitaría, pasando por la playa de la Muralla y a continuación por Vistahermosa, desde donde se tienen formidables vistas sobre la Bahía, como su propio nombre indica, encontrando después la pasarela que atraviesa el Pinar de Mochicle y que enlaza con el paseo de las playas de las Redes y el Ancla, ya en plano Atlántico.

Faro de Puerto Sherry


Playa de la Muralla


Vista de la Bahía desde carril bici de Vistahermosa.


En Fuentebravía me desvíe hacia el interior y el rodeo a la base de Rota lo hice por carretera para aligerar, aunque sí me detuve en el Faro, ubicado junto al espigón, donde hace unos años instalaron el Monumento a la Memoria Democrática, metiéndome después por las pasarelas que atraviesan los pinares hasta Punta Candor.

Monumento a la Memoria Democrática

Pinares zona Punta Candor

El paso de Costa Ballena, decidí hacerlo por la arena, aprovechando que estaba la marea baja, disfrutando de un auténtico día de playa,  saliéndome por la pasarela del Corredor Verde del Litoral, que termina en el Centro de Interpretación del Camaleón, justo a las afueras de Chipiona.


Playa de Costa Ballena


Corredor Verde del Litoral. Chipiona

Tras un rato de callejeo, por fin me encontré frente al Faro, que desde luego, es monumental, asomándome después a ver las estatuas de los cangrejos, con el chasco de no encontrarlos, y es que resulta que se trataba de una ubicación provisional para realizar un “proceso de texturización marina” y hace poco los han retirado para sacar moldes y transformarlos en bronce para su instalación definitiva.


Faro de Chipiona



“Cangrejos del Litoral”. Chipiona (imagen antigua).


Como último hito, quedaba visitar al Faro de Bonanza, llegando a Sanlúcar por la vía verde de la costa y atravesando por el paseo de la playa de las Piletas, donde se disputan las célebres carreras de caballos,  llegando hasta Bajo de Guía, justo en la desembocadura del Guadalquivir con Doñana en la orilla de enfrente.

El Faro en sí me resultó menos impactante de lo que esperaba, pero haría su función…

Playa de Sanlúcar


Faro de Bonanza. Sanlúcar de Barrameda.


Quedaba volver a Jerez, y decidí hacerlo por la vía de servicio de la A-480, como tantas otras veces, tomando una última foto en la Torre Octogonal del Alcázar, que no es un faro pero que por su forma lo puede parecer.

Alcázar de Jerez de la Frontera.


CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: Costa gaditana. Etapa 1


Día 2:” De Jerez al Peñón de Gibraltar – Naturaleza y frontera (159 km)”

El segundo día ya con Jesús, el plan era pasar la noche en La Línea de la Concepción.

Quedamos a las 8:30 en la rotonda 1, para salir por la Cartuja dirección Medina Sidonia, encontrando allí algunos amigos que nos acompañaron un rato y alcanzándonos después el grupo  Xerez Bike que venía por detrás, llevándonos hasta el final de la vía de servicio,  donde nos desviamos para subir “por gusto” a Medina por el carril de la Fuente Grande, para hacer una primera parada en el Arco de la Pastora.

Arco de la Pastora. Medina Sidonia.


Tras la bajada, nos incorporamos ya al Corredor Verde Dos Bahías, una “joya natural que conecta el Parque Natural de Los Alcornocales con la Bahía de Cádiz, ideal para pedalear rodeados de bosque mediterráneo”, según el chatGPT, al que le pedí que me hiciera una descripción de la ruta por probar cómo funcionaba esto de la IA y ver si servía de ayuda para redactar la crónica.

Y es cierto  que tras el reciente acondionamiento, el trayecto no tiene desperdicio, pasando por sitios tan especiales como el Puente de La Hoya  a la salida de Medina, las dehesas de Benalup o la pasarela del Celemín, pero con la gravel, con levante fuerte  y cargados con la bolsa de bikepacking, se hizo durísimo, teniendo que echar pie a tierra en varios repechos.

Puente de La Hoya


Dehesas de Benalup



Pasarela del Celemín


Parque natural de los Alcornocales


Tras coronar el puerto del Corchuelo, a la altura del mirador de Valdeinfierno decidimos salirnos ya del carril, entrando en la vía de servicio de la Jerez-Los Barrios, donde el aire pareció que nos daba una tregua.

Puerto del Corchuelo. Corredor Verde Dos Bahías

Llegamos a la estación de servicio de los Barrios con 94 km, en 5 horas, a unos escasos 18 km/h de media, lo que da idea de lo duro que estaba siendo. Allí, paramos a “repostar”, tomando unos “envoltinis” de queso y tomate que supieron a gloria.

Continuamos el recorrido, cogiendo el cruce hacia San Roque por la CA-9207, marcada como tramo del Eurovelo 8, y donde más repechos seguían castigándonos. Poco antes de llegar nos desviamos en dirección  a La Alcaidesa, empezando a asomar las vistas del Estrecho tras coronar la última subida, ya con 2.000 m de desnivel acumulado.

Una vez en la urbanización, llegada al mirador donde se tiene una impresionante vista de 180 º, con el faro de la punta Carbonera al Este, el más oriental de la provincia, y el Peñón de Gibraltar al Oeste, encontrando el mar bastante picado para ser el Mediterráneo.

Vista del Peñón de Gibraltar. La Alcaidesa



Vista del Faro de punta Carbonera. La Alcaidesa


La llegada a La Línea la tenía prevista por un carril que según garmin connect y Google maps, conectaba directamente con La Alcaidesa, pero por más que lo buscamos y preguntamos, no supe encontrar, por lo que hubo que volver a subir hasta la carretera, suponiendo ya la puntilla, llegando a pensar en desistir de hacer la subida final al Peñón.

Pero Jesús tuvo la genial idea de pasar antes por el alojamiento que teníamos reservado para soltar las mochilas y poder continuar algo más cómodos, así que ya no había excusa.

Cruzamos la frontera, enseñando simplemente el DNI a la guardia civil que estaba en la garita, empezando a bordear el peñón por la orilla que da a la bahía de Algeciras, con parada en “Grand Casamates Square”, frente a la típica cabina de teléfono roja, y llegando hasta el Faro de Europa Point.




Faro de Punta Europa. Gibraltar.


Quedaba subir a lo alto del Peñón, escasos 3 km, pero con un desnivel medio cercano al 10 %. Al ir sin las bolsas, íbamos algo más ligeros, pero el cansancio era ya mucho, por lo que cada vez costaba más, llegando a falta de 300 m al límite, en una rampa al 17 %, donde las patas dijeron basta. Llegué caminando hasta el “skywalk”, y menos mal que el encargado nos hizo el favor a regañadientes de dejarnos subir, porque si no hubiera sido un esfuerzo en balde.

Y en la bajada, en el “Balcón de la reina”, pude hacerme el típico selfi con los monos…

Mirador de cristal de Gibraltar.


Balcón de la Reina. Gibraltar.


El regreso a La Línea, por la cara opuesta, rodeando por completo el peñón, sumando 159 km, y cerca de 2.500 m de desnivel.

CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: Costa gaditana. Etapa 2


Día 3: De La Línea a Cádiz – “Entre el Mediterráneo y el Atlántico” (175 km)

La tercera etapa nos llevaría de vuelta a Cádiz, siendo la más larga, y aunque confiábamos en que el viento en esta ocasión nos ayudaría, visto el sufrimiento del día anterior, decidí eliminar algún que otro tramo de gravel, para no complicar más la cosa. De hecho, por la noche tuve varios calambres y no encontré postura cómoda para dormir hasta bien tarde, por lo que me levanté con el cuerpo regular. Afortunadamente, al montarme en la bici, sentí que las piernas no iban mal y enseguida empecé a entonarme, animado además al comprobar que en efecto el viento iba a ser favorable todo el trayecto.

La Línea de la Concepción.


Una última foto ante el peñón, y salida dirección San Roque, metiéndonos  por la A-7 al no haber alternativa, hasta el cruce hacia Los Barrios, donde nos desviamos por los polígonos industriales, bordeando Algeciras hasta salir por el Cobre, pasando bajo el peculiar acueducto, y enlazando ya con la carretera de Tarifa.

“Arcos del Cobre”. Algeciras.


Lo previsto era coger el sendero del cerro Tambor, para llegar hasta la torre de Guadalmesí, pero como yo ya lo conocía y sabía que a Jesús no le iba a importar, fue uno de los tramos a eliminar, siguiendo directamente hasta el Mirador del Estrecho.

Mirador del Estrecho.


La pena es que esta vez salió cruz, y sabía que la neblina nos impediría divisar África, que es algo que siempre emociona. Aún así paramos y comprobamos que tendría que ser en otra ocasión. No faltó la foto, antes de iniciar la rápida bajada hasta Tarifa, en busca de otra de las imágenes icónicas del viaje, entre los dos mares, con el castillo de la Punta de Tarifa y su faro de fondo.

“Entre dos Mares”. Tarifa


Playa de los Lances. Tarifa.


La salida de la ciudad, por el carril bici del paseo marítimo, enlazando después con la pasarela de la playa de los Lances, que más adelante encontramos destrozada, y que nos obligó a caminar un poco hasta encontrar de nuevo la carretera. En este tramo pudimos rodar rápido gracias al aire hasta tomar el desvío hacia Bolonia por la subida de Betis, que se hizo durilla, pero que permitió recortar y estar pronto frente a la famosa duna, que junto sus aguas azules y las ruinas romanas, hacen a la playa de Bolonia una de las más singulares de Europa.

Ensenada de Bolonia.


El siguiente punto de interés, otro faro más de la lista: el de Camarinal, el más espectacular por ubicación y arquitectura, y con espléndidas vistas de las playas de Zahara de los Atunes.

Carril del Faro de Camarinal.


Faro de Camarinal.


Playa de los Alemanes. Zahara de los Atunes.


Tras atravesar Zahara, nos metimos en el carril bici del Eurovelo, que aunque parece que estuvo un tiempo clausurado por los continuos accidentes que se producían en algunos badenes, lo pasamos sin dificultad, aunque comprobamos que sigue habiendo un tramo a la llegada a Barbate sin terminar.

Paso por Urbanización de Atlanterra. Zahara de los Atunes.


Paseo  marítimo de Barbate.


Otro segmento de tierra que tenía pensado hacer era la subida a la Breña por el carril en el que hicieron la crono de la vuelta a Andalucia de 2018, pero como no quería arriesgarme a encontrarlo en mal estado, decidimos seguir por el carril bici hasta Conil, pasando por los Caños de Meca y cerca del histórico Faro de Trafalgar, aunque ni hice intención de acercarnos ya que la ultima vez que que estuve en la zona encontré partes del camino cubiertos de arena

Carril bici de la Breña. Barbate.



Vista del Faro de Traflagar desde la Breña.


Había ya hambre así que decimos parar en la gasolinera que hay en el desvío hacia Vejer, tomando en esta ocasión empanada, que también estaba buena.

En Conil, parada en la plaza de Santa Catalina, foto junto a la Torre de Guzmán, y vuelta al carril del Eurovelo por la Fuente del Gallo, metiéndonos a continuación por los senderos de las calas de la zona del Cabo de Roche, quizá el tramo del viaje  que resultó más espectacular, pasando frente al penúltimo faro de la ruta.

Torre de Guzmán. Conil de la Frontera.


Acantilados de Conil


Senderos Calas zona cabo de Roche.


Faro del Cabo de Roche

Pasamos de largo las urbanizaciones de Roche y Novo Sancti Petri, pero sí quise detenerme en la Barrosa, en el "punto mágico de Hércules", desde donde puede contemplarse con claridad la isla de Sancti Petri y su castillo, aunque en las fotos no se aprecia tan nítido como en la realidad.

Castillo de Sancti Petri desde Punto Mágico de Hércules.


En Chiclana, última parada antes de meternos en el tramo del Eurovelo que atraviesa el caño de Sancti Petri hasta San Fernando, alargando un poco por el sendero del Carrascón, que desde luego deberían tomar de referencia para los proyectos de sendas ciclables, porque la solución que le han dado al firme es perfecta.

Melkart de Chiclana


Puente del Caño de Sancti Petri


Sendero del Carrascón. San Fernando.


Un vistazo rápido a la playa de Camposoto, y desvío por el sendero de las salinas de los Tres Amigos, para enlazar de nuevo con el tramo final del Eurovelo, que como anticipaban los ecologistas, no parece haber sido buena idea meterlo por la zona de dunas, pues encontramos varias partes impracticables por la acumulación de arena.

Playa de  Camposoto. San Fernando


Pasarela de la salina Los tres Amigos

Eurovelo 8. Tramo de Cádiz.


La entrada a la ciudad tampoco está resuelta, pero cuando por fin se llega al carril bici paralelo a la playa, se van olvidando todos los inconvenientes, al empezar a disfrutar de las vistas de la playa de la Victoria, y más adelante, de la Catedral, el Campo del Sur y la Caleta, rematando la jornada entrando en el castillo de San Sebastián para visitar el último de los Faros. 

Paso junto a la Catedral de Cádiz.


Paseo Fernando Quiñones. Cádiz.


Faro de San Sebastián. Cádiz.


CLIC AQUÍ PARA VER RUTA: Costa Gaditana. Etapa 3


Como resumen, comparto la sinopsis hecha por chatGPT sobre la ruta, que verdaderamente la ha clavado…

“Esta ruta de tres días es mucho más que un recorrido: es un viaje por la historia, la cultura y la naturaleza del sur de Andalucía. Desde la Bahía de Cádiz hasta el Estrecho de Gibraltar, cada pedalada ofrece paisajes cambiantes, pueblos con alma y la magia del Atlántico acompañando el camino.

Ideal para cicloturistas con experiencia media o avanzada, esta travesía se puede adaptar a distintos niveles y estilos, ya sea en bicicleta de carretera o gravel. Lo que sí es seguro es que volverás con las piernas cansadas… y el corazón lleno de recuerdos…”

Pero lo que la IA nunca podrá describir, son las sensaciones que fuimos experimentando a lo largo del camino, alternando momentos de bastante sufrimiento, con la alegría al ir cumpliendo objetivos, y la satisfacción por lo conseguido finalmente. Por supuesto habrá más, aunque la verdad es que pese a que solo han sido tres días, y algo menos de 500 km, terminamos muy cansados, preguntándonos como fuimos capaces de hacer el bikepacking Zaragoza-Sevilla del año pasado, con las condiciones tan extremas de calor que tuvimos…